Novena Audaz en el Riesgo

La grandeza de su vida reside quizá, en la osadía que tuvo frente al riesgo, en el valor de darlo todo por Dios. El Padre Kentenich tuvo la audacia de buscar constantemente el deseo y el querer de Dios, y poseyó la fortaleza de realizar lo que, ala luz de la fe, descubrió como la voluntad del Padre eterno.

Fue admirable la serena tranquilidad que irradió siempre, la profunda seguridad que lo embargaba, aún en el Campo de Concentración o durante los catorce años del exilio. No contaba con ninguna garantía humana, se basaba únicamente en la certeza que le otorgaba la fe. Muchas veces fue una fe solitaria que le exigió el salto mortal de la inteligencia, el corazón y la voluntad.

La capillita, que por la Alianza de Amor del 18 de octubre de 1914 se convirtió en lugar de gracias, en Santuario de María, fue para él un signo visible de la realidad de lo divino, fue lugar de encuentro con el Dios vivo, por quien al servicio de su Madre y Reina arriesgó cada día toda su vida.

El valor en el riesgo y la entrega al Santuario, son dos actitudes inseparables en la vida del Padre Kentenich. En el Santuario encontró cobijamiento, se abrió a la gracia de transformación y le fue regalada la misión de conducir a la humanidad actual por Cristo y María, en el Espíritu Santo al Padre eterno.

La vida del Fundador estuvo bajo el signo de la cruz. Cuando alguien se pone a entera disposición de la obra redentora de Cristo, Dios señala su vida con la cruz; así fue también señalada la vida del Padre Kentenich. Y él no huyó de la cruz. Precisamente en las horas, días y años de sufrimiento y sacrificio, de abandono y renuncia, ejercitó la santa osadía de entregarse a Dios con confianza ilimitada.

Y Dios premió su entrega regalándosele en íntima cercanía y haciendo triunfar su poder sobre los ataques del demonio. La fuente de esta santa osadía fluía desde el Santuario de gracias de la Madre Tres Veces Admirable.

Todo sufrimiento quiere transformamos, desprendemos un poco más de algo pasajero que en último término no nos sacia. Por eso: ¡ abre tu alma! Dios espera que tiendas hacia El tus manos abiertas y vacías. ¡El quiere colmarte!

Cada sufrimiento quiere ser un llamado para una tarea. Cobijados en la cercanía de Dios, transformados en su amor, quiere enviamos para que comprendamos a los demás y les llevemos consuelo y ayuda.

También nuestra vida se halla bajo el signo de la cruz. Nuestras preocupaciones nos hunden en la angustia y no encontramos salida. Tememos por algún familiar, estamos desconsolados por la pérdida de una persona que nos significa más que otras… La enfermedad, el desconcierto, la inseguridad nos oprimen.

La vida del Padre y Fundador de la Familia de Schoenstatt nos da una esperanza. Está ante nosotros y nos dice: ¡Animo! Dios encuentra posibilidades donde el hombre ya no ve ninguna. Confía ciegamente en el poder y la ayuda de Dios, pero no te desalientes si no escucha tu pedido tal como tú lo quieres. Cada sufrimiento quiere sumergimos más profundamente en el infinito amor del Padre eterno. ¡Levanta tu mirada, El está muy cerca!

Unámonos al Padre Kentenich, vayamos con él al Santuario de la Madre, Reina y Victoriosa Tres Veces Admirable de Schoenstatt que nos regala un hogar en el sufrimiento, nos transforma por el sufrimiento y nos envía.

Miremos al Padre Kentenich, pidamos a la Madre que nos de la osadía que él tuvo para ser testigos de la realidad del Dios vivo en nuestro mundo!

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